Era una tarde de setiembre,
ya comenzaba a oscurecer,
llegaron en camiones
con la fuerza y con la ley.
Quemaron mis campos,
mataron a mi buey,
ya no me duele tanto
pero recuerdo bien...
cuantas veces me botaron,
cuantas, yo me levanté,
cuantas, ellos me ataron,
cuantas, yo me solté,
cuantas balas me alcanzaron,
cuantas yo no disparé.
De mi tierra me echaron
y a mi tierra volveré.
Volveré aunque esté hecho trizas,
volveré aunque esté acabado
y aunque me hayan derrotado
volveré de mis cenizas.
Volveré y si está marchita
la flor que yo había sembrado,
sembraré de nuevo un prado
sobre todo lo que exista.
Volveré cuando ya nadie me conozca,
cuando sea una historia mi dolor,
mi valle querido sólo sombra
sin alma ni río ni calor.
Cuando las palomas se hayan ido,
y dejen vacío este lugar,
hondo de la tierra saldrá lo escondido,
volveré de nuevo a respirar.
Volveré y echaré abajo
los muros, los alambrados,
las fronteras que pusieron
con sus minas y candados.
Echaré abajo las rejas
que nos dejan separados,
las piedras de los rebeldes,
los tanques de los soldados.
sábado, octubre 16, 2010
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